Te amo desde el hueco que deja tu nombre
cuando la tarde se queda sin voz.
Te amo como ama la lluvia
a la tierra que no responde,
como ama la pregunta
Te amo desde el hueco que deja tu nombre
cuando la tarde se queda sin voz.
Te amo como ama la lluvia
a la tierra que no responde,
como ama la pregunta
a la noche que no explica.
El amor no es solo presencia:
es esta forma exacta del dolor,
esta manera de existir
con una copa vacía en el pecho,
con una lámpara encendida
para nadie
y para todos.
Hay ausencias que no se van,
se sientan.
Respiran contigo.
Te enseñan a vivir
con un temblor permanente en las manos,
con la certeza de que amar
es aceptar que algo nos falte
para siempre.
Yo no te busco:
te continúo.
Porque el amor verdadero
no termina en el cuerpo
ni en el tiempo,
sino en esa región secreta
donde el dolor y la ternura
aprenden a pronunciar el mismo verbo.
Y aunque duela —
aunque duela como duele la vida
cuando se vuelve honda—
bendigo esta herida:
es la prueba
de que existimos,
de que amamos,
de que incluso en la ausencia
seguimos siendo
profundamente humanos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario